CM Seguros
La columna de Mattias Meragelman | 07 de MARZO de 2021 | 06:03

La ciudad de la furia

Los problemas de la ciudad Capital nos dejan expuestos a sus habitantes a serios problemas en la prestación de los servicios públicos. De fondo, una pelea política que en años electorales se profundiza y deja a la "teoría del bache" como un elemento central para pensar el resultado de los próximos comicios. 

Peronistas y radicales, oficialistas y opositores, ateos y creyentes, hay una sola cosa en la cual coinciden tod@s: las calles de la ciudad Capital están detonadas. En el diagnóstico hay una coincidencia generalizada, en lo que no existe acuerdo es en las causas y las responsabilidades políticas/institucionales que le corresponden a cada un@.

Sin dudas que la tormenta de la semana que pasó tuvo registros de lluvia muy por encima de lo normal, pero creer que el problema de la Capital se limita a unas precipitaciones excesivas, sería confundir un incidente con un drama que excede el agua caída en 48 horas.

Lo dijo la propia intendenta Inés Brizuela y Doria en el discurso de apertura de sesiones del lunes pasado, cuando mencionó la existencia de 14.500 metros cuadrados de baches en la ciudad (antes de la tormenta).

Es cierto que lo ocurrido entre martes y miércoles fue impactante, al punto que el CAPE confirmó que debió asistir a 10 vehículos que cayeron en diferentes pozos de la principal ciudad de la Provincia.

Pero es interesante ir más allá y pensar problemas estructurales, para después ir hacia las responsabilidades políticas/institucionales que cada un@ tiene en esta historia, que deja a más de 220 mil habitantes como rehenes.

En el año 2005 –en la primera gestión de Ricardo Quintela al frente del Palacio municipal Juan Ramírez de Velasco- el Concejo Deliberante sancionó un Código de urbanización, que fue el resultado del trabajo de un equipo de la secretaría de Obras públicas, arquitectos, ingenieros y concejales.

Esa norma determinó que el desarrollo de la ciudad debía realizarse hacia el extremo Norte, por una serie de condiciones geográficas e hídricas que eran claves para mejorar la llegada de los servicios. En aquel momento, la relación política entre la Provincia y la comuna era nula, al punto que nadie escuchó aquella recomendación. 

16 años después queda claro que el crecimiento se produjo hacia el otro extremo de los puntos geográficos y hoy más del 30% de los ciudadan@s de la Capital vive en la zona Sur, que es justamente una de las más afectadas por la falta de servicios públicos.

Con un dato más: el censo del año 2010 (el último realizado por la postergación pandémica del año pasado) determinó que la ciudad Capital incrementó su población en la primera década del siglo un 22%, siendo la segunda ciudad del país que más creció en habitantes en términos porcentuales.

Es decir, creció mucho y lo hizo sin tener en cuenta el criterio que se había propuesto para la llegada de los servicios públicos.

Mientras la ciudad avanzaba, los problemas financieros de la Municipalidad se fueron profundizando.

Los inconvenientes económicos se agudizaron de la mano de dos elementos centrales: un aumento de la masa de emplead@s en planta (en el último año de gestión del ex intendente Ricardo Quintela pasaron de 3.439 a 5.670, los cuales no están reconocidos por la ley de coparticipación municipal sancionada en el año 2015) y la tasa de alumbrado público que representaba el 30% de la recaudación municipal, durante la gestión del ex gobernador Sergio Casas se la modificó de una manera tal que hoy es deficitaria para la comuna.

El dato positivo de este diagnóstico financiero, lo aporta la llegada de los fondos nacionales. Desde el año 2018 la Municipalidad de la Capital recibe recursos federales de manera directa, fueron 120 millones de pesos en el último año de la gestión del ex intendente Alberto Paredes Urquiza y en este 2021 llegarán 250 millones de pesos.

Es decir, la actual gestión comunal recibe un 108% más de dinero desde la Casa Rosada que su antecesor, una cifra que está sensiblemente por encima del proceso inflacionario en ese mismo periodo de tiempo. 

Y a ello se debe sumar que la actual gestión provincial le transfiere todos los meses un promedio de 8,2 millones de pesos para solventar el pago de los trabajadores del Programa de Entrenamiento Municipal (PEM). Algo que la anterior administración municipal no tuvo con la misma fluidez en el tiempo.

 


En el diagnóstico todes coincidimos (hasta aquellos que odian el lenguaje inclusivo), el problema está en un cambio de lógica en la administración, que por ahora no ocurrió. 


 

Responsabilidades
En cualquier ámbito de la vida se buscan responsables para explicar lo que ocurre. En la política eso también pasa y mucho más en un año electoral.

El Gobierno provincial tiene una responsabilidad institucional y otra política.

La institucional se relaciona con el conocimiento de la situación financiera que la comuna tiene, porque están al tanto que los recursos determinados por la ley de coparticipación no son los correctos teniendo en cuenta el tamaño poblacional que la ciudad presenta y que la tasa de alumbrado hoy está estructurada de una manera tal que pierde su sentido recaudatorio.

Mientras que, como sector político, fue en el último año de su gestión en el municipio cuando miles de trabajadores que estaban precarizad@s fueron pasados a planta sin tener el reconocimiento económico de la Provincia, provocando un agujero financiero que llega hasta hoy.

Por otra parte, la gestión municipal tiene que asumir su rol de Gobierno y comprender que ya no son oposición en el ámbito de la ciudad, no pueden seguir realizando diagnósticos y tienen que encontrar soluciones.

Durante la campaña electoral “Juntos por La Rioja” sostuvo que el problema de la ciudad era una mala administración de los recursos, puntualizando en que con la designación de funcionari@s de carrera en los principales cargos podrían ahorrar fondos para mejorar la situación de la ciudad.

Y eso no pasó. La planta de funcionari@s se incrementó en un 64% en la actual administración, pasando de 250 a 410 según la información que admiten desde la propia comuna.

Y el otro punto es el incremento en la llegada de los recursos nacionales que pasaron de 120 millones en 2019 a los ya mencionados 250 millones de pesos que tiene el presupuesto nacional de este año previsto para la ciudad Capital. Esos fondos son de llegada directa a la comuna y la mitad de ellos se utilizan para pagar a los Programas de Entrenamiento Municipal (la otra mitad la pone la Provincia).

Hay una última responsabilidad compartida por ambas gestiones: no rompieron la lógica del vínculo político/institucional entre el municipio de la Capital y el Gobierno provincial de turno.

Un año y tres meses después de la asunción de ambas gestiones seguimos hablando de PEM, asfaltado, tasa de alumbrado, bacheo, recolección de residuos, competencias municipales y ley de coparticipación como ejes problemáticos para explicar la ciudad.

Por dar un ejemplo, esta semana el trabajo en la Capital entre la empresa provincial Vial y el municipio para reparar los daños que dejó la tormenta no fue coordinado, cada uno intervino en zonas diferentes de la ciudad sin acordar cuál le correspondía a cada institución atender.

Entonces surge una duda: ¿Mientras l@s riojan@s sigamos cayendo en baches de la ciudad a quién responsabilizaremos? O dicho más claramente, a quién se dirigirá el insulto que a tod@s nos sale naturalmente cuando sentimos que el amortiguador de nuestro vehículo está pasando un momento de angustia existencial.

La lectura política de esa pregunta en un año electoral es media obvia y da origen a lo que podríamos llamar” La teoría del bache”. Si creemos que la culpa del bache es por el ahogo financiero de la comuna crecen las chances electorales de “Juntos por La Rioja”, pero si consideramos a la mala administración del radicalismo como la causal del cráter, el peronismo podría volver a ganar en la Capital después de algunas elecciones que le fueron esquivas.  

En septiembre de 2019 en este mismo espacio periodístico titulé mi comentario político de la misma manera que el de hoy. Y en uno de sus párrafos aquel texto decía: “El principal sillón del Palacio Juan Ramírez de Velasco puede ser ocupado después del 10 de diciembre por Teresita Madera, Néstor Bosetti, nuevamente Alberto Paredes Urquiza, Inés Brizuela y Doria, Leonel Acosta o Fernando Gómez. El problema no estará en el nombre, quizás ni siquiera en las ideas, el inconveniente central se presentará en entender los problemas que la urbe expone”.

En el diagnóstico todes coincidimos (hasta aquellos que odian el lenguaje inclusivo), el problema está en un cambio de lógica en la administración que por ahora no ocurrió. 

Nada cambiara, con un aviso de curvas, ya no hay fábulas, en la ciudad de la furia.

Sancor Seguros

Ministerio Agua y Energía
Axion
Internet para todos
Osunlar
Apos