La columna de Hugo Doliani | 22 de MAYO de 2020 | 13:05

Significación, discurso y relato acerca del coronavirus en La Rioja

Para que se enojen mucho los que se tengan que enojar, para que se preocupen mucho los que se tienen que preocupar, para que ignoren los que deben ignorar.

En una pandemia global, lo primero es la política, la que debe centralizar la Salud en manos de los que saben, o los que deberían saber, científicos y técnicos que le marquen la importancia del ambiente y de la agresión al planeta, por parte de la codicia del hombre.

El que crea que no es momento de la política, es porque niega la centralidad de los Estados, porque hablar desde La Rioja, es achicar el tema a la dimensión de un virus, la dimensión a que muchos le gustaría achicar el Estado.
El recorrido del Coronavirus, o Covid 19 en el planeta, en este tiempo, o en la historia, aún no está escrito, salvo en ensayos de futurología o en la mezquindad de las políticas partidarias. Ignorancia pura.

El análisis de los sucesos nos hace ver que se dará una batalla para decidir qué red de significaciones, qué discursos y qué relatos serán capaces de atrapar el evento que nos desafía, para instalar así las políticas que darán forma al mundo en el después. 

Sin embargo, la única utopía que ha sobrevivido a los sucesivos fracasos “revolucionarios” en su intento de reorientar el camino de los pueblos es la absoluta imprevisibilidad del futuro: nunca sabemos hacia dónde ni cómo soplará el viento de la historia. Lo único que nos resta es hacer nuestro papel, en acuerdo con nuestras convicciones y responsabilidades.

Este virus y todos los que le antecedieron y vendrán más tarde, presentan una libertad que hace temblar inclusive, más que la misma muerte, a esta propuesta civilizatoria. 
Una libertad desconocida. Siendo así, la orden del día solo ha podido ser replegarse para “sacarle el agua al pez”, dejar al nuevo ser sin hospedero, hasta que su peligrosidad quiera “dar la curva” o surja una vacuna de las manos del papel que representamos en esta gran escena: la escena ambiental.

Lo que sabemos sirve, pero más que un control indica una “adaptación”, una flexibilidad y maleabilidad de los comportamientos, y una capacidad de respuesta que forma parte de un mismo drama, del que somos parte. Gran lección le da este minúsculo ser al Occidente.

Difícil y escamoteado en el discurso de los medios, fue el impacto inicial incontestable del virus, porque su aparición en escena fue francamente democrática. Atacó en primer lugar y con gran fuerza a las dos más grandes potencias del mundo, y a la rica y confortable Europa. 

En este mismo momento está avergonzando a la Gran Manzana de New York y a todo el mundo así llamado “desarrollado”, al demostrar que carece de lo que parecía tener: seguridad para su gente y capacidad de cuidado masivo y general para sus habitantes. Aquél primer mundo que fue la zanahoria neoliberal, para el engaño general en los países a conquistar.

Atacó a nobles, políticos de alto rango y empresarios de poderosas corporaciones. Hizo sorprendentes bajas entre las élites cosmopolitas. Ante la mismísima lente mediática, le mostró al mundo que, sin lugar a dudas, todos somos mortales. Se comportó como un migrante al que nadie le coloca vallas. Llevó al propio Henry Kissinger a hablar del fin de la hegemonía norteamericana.

Es posible afirmar que, al menos por un tiempo, el virus, ha dado una lección democrática. 
En América Latina, mientras tanto, es posible adivinar un terror expectante y apenas entredicho, una verdad pronunciada a medias sobre lo que sabemos puede suceder cuando el virus finalmente derribe la frontera que blinda la inclusión de la exclusión. ¿Qué sucederá cuando macizamente “cruce las vías” y haga su entrada, con toda contundencia, incontenible, entre los pobres? Pensamos. 

Hasta hoy, en nuestro continente, debido a la cuarentena, la exclusión penaliza a los que viven rigurosamente al día por su necesidad del ingreso diario, pero no es en su cuadrícula que la peste se ha dejado sentir con más fuerza por ahora.
Nos preguntaban ¿Qué pasará cuando arroye de lleno el espacio de los hacinados? Eso no lo habíamos visto todavía. Aunque a partir de Ecuador, atravesó Brasil, Chile y desembarcó en el hacinamiento argentino. Algo sobre informado como para no abundar en detalles.

El virus hará posible derrumbar la ilusión neoliberal y abandonar la acumulación egoísta, porque sin solidaridad y sin Estados proveedores no nos vamos a salvar. 

Sin un Estado que garantice protección y entrega de recursos a los que menos tienen, no será posible continuar la vida. La postura, en este caso es que entenderemos que es necesario colocar la acumulación a disposición de la gente que la necesita para sobrevivir, y los gobernantes serán a futuro llevados a desobedecer el precepto fundamental en que el capitalismo se apoya.

Aquí mismo en La Rioja, se levantaron voces contra lo que llamaron la cuarentena de Quintela, para desviar la atención al único logro local, nacional, agregado al papel de la Ciencia y la Tecnología, desfinanciada por el macrismo neoliberal, y puesto en valor por la conciencia nacional y popular.

El análisis ambiental y natural en el que se desarrolló el virus, lo tomé de una científica que se ubica en la post-pandemia: Rita Segato. Es Doctora en Antropología de la Queen’s University of Belfast, Irlanda. Es profesora de Antropología y Bioética en la Cátedra UNESCO de la Universidad de Brasilia. Sus principales campos de interés se centran en las nuevas formas de violencia contra las mujeres y en las consecuencias contemporáneas de la colonialidad del poder. Entre sus obras más importantes se encuentran: Las estructuras elementales de la violencia (Buenos Aires, 2013), La Nación y sus Otros (Buenos Aires, 2007) y La Crítica de la Colonialidad en Ocho Ensayos y una antropología por demanda (2015).

Así, al menos, no lo veo solo yo.

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